sábado, 28 de enero de 2012

Contradicciones


Te quiero. Pero no...
No te vayas, no te vayas y sí, por favor...
A pesar de todo andate. Mejor no.

14 de septiembre de 1989
9:50 horas

T omo distancia porque así
Es más fácil mirarte
Y saber que dolés
Bien fuerte.
Tomo distancia entre
Las teclas y mi corazón,
Para no verte y silenciar palabras
Y momentos
Que ya
Ya
No quiero.
La soledad se avecina,
Inevitable,
Para mí con
Respecto a vos
Y
Para
Vos
C
O
N

Res pecto
A
M í .

Atentado



Se escuchó un eco de pronto
Y luego,
Despacio,
La soledad.
Las paredes
Todavía caen.
La bomba
Resuena
En los oídos sepultados.
Vidas
Que tienen y no que ver
Con esta realidad
Del maldito trueno
De las cuatro de la tarde.
Silencio ahora:
Suenan los gritos
Y el eco de ese fuego.
A cada uno le duele lo suyo.
Y a mí.
17-03-1992

Permiso


Permiso.
Este es mi silencio. También tuyo.
Después, mucho después,
En esta paz,
Digo perdón.
Este amor fue maravilla
Y te doy las gracias
De tenerte junto a mí,
De que me tengas
Tuya
Mío
No es nuevo decir
Te amo
Pero sabés,
Sé que sabés,
Es necesario.
En este silencio
De muchos soles
Puedo verte
En los reflejos del aire.
Y te tengo,
Efímero.

Estás.


Estás ahí, solo.
Luchás tus verdades.
El cielo no es celeste, pero sí por suerte,
tu alma.
La verdad es negra y lucha contra tus verdades.
Tu razón es un muro en el que chocan los despiadados.
Tu corazón guarda la verdad del mundo.
Lo escucho en tus gritos.

miércoles, 29 de abril de 2009

Mundos de aquí y de alla




Estamos insertos dentro de un mundo complejo. Entonces, podríamos decir que cada uno de nuestros días se relaciona con ello.
Trabajo en la Escuela Ponciano Vivanco. Nunca había escuchado ese nombre hasta el mismísimo momento en que el destino me dirigió hasta aquí.
A partir de entonces, soy de “la Ponciano” y seguramente, ya nunca dejaré de serlo. No importan los traslados, las titularidades ni los cargos por mayor jerarquía. La Ponciano llegó para quedarse.
La escuela Ponciano Vivanco queda en el barrio de Lugano (la vereda de enfrente es el barrio de Mataderos). Estamos situados a dos cuadras de la Villa 15, conocida como “Ciudad Oculta”.
Nuestra comunidad esta formada en un noventa y cinco por ciento con niños de allí.
La Escuela es de jornada completa. Convivo ocho horas del día, cinco veces por semana, con estos niños a los que a veces veo más que a mi propia familia.
Aún así, una y otra vez, cada día, vuelvo aquí con convicciones renovadas, con energía recargable para retomar los infinitos caminos posibles de cada jornada.
Vengo aquí porque es mi rol el educar, el transformar, el recrear cuestiones.
Pero lo que me trae una y otra vez es la convicción de que este es el lugar donde quiero estar haciendo mi labor.
Cada día de trabajo da una cantidad de vivencias que suman y restan por momentos, pero que siempre nos ofrece la oportunidad de crecer y mostrar que mil veces vale la pena trabajar incansablemente para lograr las metas.
El quehacer docente es renovador, enriquecedor, nos quita y no da energía permanentemente.
Cada jornada atendemos innumerables cuestiones: ¿quién lleva la bandera? ¿Ya fuiste ayer? ¿Quién reparte el desayuno? ¿Quiénes estamos hoy? Vaya el abanderado a practicar con el profe de educación física. Sí, vaya al baño. ¿Te llevaron al doctor? ¿Desde cuándo te duele? Si te olvidaste el libro yo tengo otro. La tarea era para hoy, ¿no miraste la agenda? No discutan, no se peguen, ¡escuchen! ¡Trabajen! ¡Hagan silencio mientras él lee! Sí, después compartiremos la torta de tu cumpleaños. Después te doy el vuelto de la cooperadora, gracias por tu carta, yo también te quiero mucho, salgan al recreo con cuidado, no empujen. Trátela bien a ella, apúrese que tengo turno de patio… Y cien mil frases más posibles, cien mil momentos compartidos.
Nuestro quehacer queda plasmado a veces en acciones y palabras. Entonces cuando uno cree que ya nada se entendió, justo en ese momento llega el alumno que menos tareas realiza y te dice el resultado de esa cuenta que a nadie le da.
Ese otro alumno que siempre pega golpes a otros te avisa que algo le dio bronca y que esta vez quiere avisarte antes de darle patadas a la nena que lo molestó. Te da la oportunidad de intervenir con palabras y no con los acostumbrados golpes de cada día. O la niña callada que no intercambia ideas ni conocimientos te llama aparte y te pide hablar en la puerta del aula para decirte lo más importante que tenía para decir, el mayor secreto.
Cada día en la Escuela Ponciano no queda guardado en ella. Uno transporta en el colectivo que vuelve a casa las miradas, los recuerdos, las anécdotas de ese día difícil o gran día por el que transitó.
Uno se lleva los besos de la despedida, la nostalgia del hasta mañana, la expectativa de lo que vendrá. Tal vez mañana algo salga mejor, tal vez llegué lo que uno no espera. Pero lo construido se instala y uno no solo se transforma en un docente con nuevos recursos, nuevos pensamientos y mayores herramientas pedagógicas para afrontar mil y una vivencias. También uno crece como un ser humano mejor. Justamente porque estamos insertos en un mundo complejo.

martes, 24 de marzo de 2009

Palabras a la memoria...


Hace 33 años muchos de los adultos que ven ahora, ya estábamos en este mundo. Eso nos pone en una situación particular en relación a lo que pasó el 24 de marzo de 1976.
Pensemos: nosotros no conocimos personalmente a San Martín, ni pudimos leer noticias sobre Belgrano en el momento en que pasaban cosas que tenían que ver con él.
Nosotros aprendimos sobre ellos a partir de escritos o documentos que otras personas han hecho.
Pero lo que se recuerda en esta oportunidad, sobre el 24 de marzo de 1976, si tiene que ver con recuerdos de los que aquí estamos, con gente conocida, con sensaciones de cosas que nos pasaron, con imágenes que vimos en la tele o en la misma vereda de donde vivíamos…
Fuimos protagonistas de esta parte de la historia. Estuvimos ahí.
Y hoy estamos acá para decirles que entre 1976 y 1983, se vivió una época horrible, tenebrosa.
No se podía decir lo que uno pensaba sobre el gobierno ni leer el cuento que uno quería. No se podía protestar en los lugares de trabajo, pues si alguien protestaba al día siguiente esa persona ya no estaba y no se la volvía a encontrar.
No se podía expresar desacuerdos con los que gobernaban ni cantar las canciones que más gustasen. Y si alguien se animaba y leía un cuento prohibido o cantaba la canción que le gustaba, entonces venían muchos problemas para uno y su familia.
Y así se sembraba terror, espanto, tristeza.

Pasaron 33 años de ese entonces.
Y si miramos alrededor nos damos cuenta que hoy tenemos muchos problemas con ciertas cuestiones.
Hoy tenemos muchas cosas para decir que no nos gustan.
Pero ya ven, aquí estamos, diciéndolo.
Hoy los desacuerdos se plantean y hoy vale luchar por un mundo mejor.
Hoy leemos los cuentos que tenemos ganas, y así tenemos por ejemplo la biblioteca del colegio, en donde hay cientos de cuentos que en 1976 no hubiésemos podido ni siquiera nombrarlos, pues estaban prohibidos.
Hoy estamos acá, sus maestros, sus papás, Ustedes, intentando luchar a cada hora por un mundo mejor.
Sigamos construyendo nuestra libertad. Cantemos verdades. Escribamos la historia de nuestro tiempo para llenarla con satisfacciones.
Así, dentro de 33 años más, cuando Ustedes también sean adultos, en ese entonces tengamos muchas hermosas cosas que contar del hoy.
Así dentro de 33 años, Ustedes también puedan contar que pasó en 1976 aunque no hayan estado entonces, y sepan explicarles a sus hijos porque esos hechos no deben repetirse NUNCA MÁS.