
Fue hace poco más de ocho años. Justo el día en que viajaríamos con mi esposo hacia nuestras vacaciones.
Un test de embarazo nos confirmó que el atraso tenía motivos concretos...
Siempre nos preguntamos en que momento apasionado llegó el asunto, pues no estaba en nuestros planes inmediatos... Al principio todo fue una gran incertidumbre, pues yo tenía muchos dolores y en debí hacer reposo. Donde fui no había ecógrafos disponibles, por lo que los médicos descartaron un posible “embarazo ectópico” con antiguas máquinas de ultrasonido... Y me indicaron reposo, con lo que nuestro viaje se limito a conocer en profundidad el hermoso hotel que nos hospedó en Camaguey...
Cuando volvimos, ecografía mediante, las palabras del amable obstetra que nos atendió por guardia fueron: - Esto esta mas para perderse que para tenerse.
Sentencia inolvidable, aunque para nosotros inentendible en ese momento. ¿Perderse? ¿Tenerse? ...
- ¿Y qué hago doctor?
- Reposo y volvé.
- ¿Pero cuando vuelvo, en tres semanas, seis meses o cuando?...
Creo que el doctor se apiado con esta frase unida a lágrimas. Entendió mi situación de madre joven y primeriza y comenzó a ser mas detallado en sus explicaciones...
Los resultados fueron formidables, hoy mi hija mira
Fue dificil ser papás primerizos y casi sin bebes contemporáneos conocidos. Solo contábamos con el asombro de nuestros amigos o los recuerdos de nuestras respectivas madres y sus consejos (a los cuales el pediatra generalmente prefería que no tuvieramos en cuenta).
Recuerdo que, entre otros, el aspecto que más me impacto fue el de darle la teta a mi hija. Puedo ver ahora que antes de amamantarla por primera vez nunca entendí de que se trataba ese momento... Nunca entendí su inmensidad e importancia hasta que no me pasó a mi, hasta que sentí el sentimiento de una hija viviendo sus primeros años a expensas totales del cariño y el compromiso absoluto de sus papás, que ya desde entonces nunca mas dejaron de pensar en ella...